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La importancia del autocuidado emocional.
Por Dr. Manuel Berumen Resendes.

 

Desde que somos muy pequeños los integrantes mayores de nuestra familia se encargan de irnos formando poco a poco hábitos de higiene; nos enseñan a lavarnos las manos después de ir al baño y sobre todo nos dicen una y otra vez que lo hagamos siempre “antes de tocar los alimentos que vamos a comer.”

De igual forma, también nos enseñan otros muchos hábitos que tienen el propósito de que aprendamos a cuidar nuestra salud física. Así nos enseñan, por ejemplo, a tener cuidado con no comer demasiada comida chatarra o ponernos un suéter o una chamarra cuando el día empieza a refrescar para evitar enfermarnos.

Todo ese esfuerzo que realizan los padres durante años rinde sus frutos cuando los niños, ya de una edad mediana (entre los 6 y los 8 años), toman cuidado por sí mismos de una parte de su salud física. Dado que todavía no están conscientes, ni tienen aún la madurez, para hacerse cargo por completa de ésta, los padres complementan dicho cuidado.

Sobra decir, que el cuidado de la salud física está considerada una tarea esencial para poder alcanzar un estado de bienestar. Muchas veces escuchamos afirmar a las personas que teniendo salud ya se tiene todo, haciendo referencia a que es posible enfrentar los problemas cotidianos de la vida si uno se encuentra en buen estado físico.

Parece ser muy claro que la salud física puede ser considerada como un bien muy valioso en nuestras vidas, eso no parece ser algo que se pudiera poner en duda. Sin embargo, hay otro tipo de salud que es muy importante, pero a la cual muy pocas veces se hace referencia explícita y mucho menos se nos enseña tan abiertamente como la primera. Nos referimos a la salud emocional o psicológica.

Sin embargo, aunque el cuidado de nuestra salud emocional no es algo que esté presente de la misma forma que el cuidado de nuestra salud física se podría decir que ésta es tan importante como aquella. La realidad es que muchos padres no saben cómo guiar a sus hijos en el cuidado de su salud emocional porque ellos mismos muchas veces tampoco saben cómo encargarse de la de ellos.

Tenemos que aceptar que el cuidado de la salud emocional y psicológica, entendiéndola como el cuidado de nuestras emociones y nuestros pensamientos, no es algo que se nos enseñe en casa y mucho menos en la escuela o en la calle.

Las consecuencias de esta falta de educación emocional a menudo son muy graves: depresión, ansiedad, relaciones enfermizas y tóxicas, problemas de violencia y/o de ira, incapacidad para relacionarnos sanamente con todos los miembros de nuestra familia, celos, baja autoestima y la incapacidad de vivir plena y felizmente. La falta de la enseñanza del autocuidado emocional tiene efectos que pueden durar toda la vida.

Dado que ni en nuestra casa ni en la escuela nos han enseñado como hacernos cargo responsablemente de nuestra salud emocional es algo que a menudo nos pasamos improvisando, regularmente con resultados no tan buenos: separaciones dolorosas, matrimonios equivocados, infidelidades, problemas de personalidad, adicciones, etc.

Cuando somos adultos no tenemos otra opción más que empezar a hacernos responsables por nuestras emociones. No podemos culpar a nuestra pareja, a nuestros padres o a otras personas de la manera en que actuamos, pensamos y sentimos.

Nuestras emociones, pensamientos y actos son nuestra responsabilidad en todo momento. Por esa razón el autocuidado emocional es esencial y prioritario en nuestras vidas. Pero dado que no es algo que hayamos aprendido eficientemente a lo largo de nuestra vida será algo que tendremos aprender a hacer de una manera más sistemática y menos improvisada.